viernes, 5 de junio de 2015

Eje 4. Lectura y elaboración de textos académicos
Actividad 1. Lectura y escritura exploratoria


El cerebro adicto
Verónica Guerrero Mothelet

Desde siempre el ser humano ha consumido toda clase de drogas, bien para curarse o por mero placer; alcohol, cocaína, morfina lo cierto es que todas dañan severamente el cerebro.
Actualmente, la ciencia es capaz de explicar los efectos en nuestras cabezas y el estudio de las drogas le permite comprender mejor el funcionamiento del cerebro; la cocaína y sus derivados como el crack, las anfetaminas y los antidepresivos tienen en común suministrar energía, confianza y una cierta euforia, todas son drogas estimulantes del cerebro.
¿Por qué estudiar el abuso y la adicción a las drogas?
En México, la mayoría de los campesinos de comunidades marginadas se dedican a cultivar la cocaína para su uso personal y con fines medicinales, sin embargo pueden ganar más dinero vendiendo su cosecha a laboratorios clandestinos que se dedican a fabricar la cocaína.
Se calcula que actualmente hay más de  13 millones de cocainómanos en el mundo, además la producción de cocaína genera ingresos de millones de dólares.
A partir de la cocaína se fabrica también un derivado muy potente, el crack, que se vende bajo la forma de pequeñas piedras. El laboratorio nacional de Brookhaven, cerca de nueva york, es uno de los pocos lugares del mundo con investigadores como Gene Jack Wang pueden estudiar en tiempo real el cerebro humano bajo la acción de las drogas.
 A raíz de importantes descubrimientos que empezaron en la última década del siglo pasado, se ha ido transformando nuestra comprensión de las adicciones y la imagen del adicto. En una entrevista, Wang declaró: “Las drogas esnifadas no provocan dependencia, pero fumadas o inyectadas en vena provocan una gran dependencia, por tanto, el modo de administrarse y la velocidad con la que llega la cocaína al cerebro, son lo que hacen a una persona dependiente.
Las drogas y el cerebro
Pero, ¿qué ocurre con nuestro cerebro? En el cerebro existen dos áreas, una que controla el placer y otra que controla la estabilidad, cuando nos drogamos el área de placer se ve afectada por una sensación de euforia y bienestar y también se activa el área de estabilidad; con el uso eventual de las drogas estas áreas llegan a un máximo de estimulación y rebasa el punto en el que el individuo ya no puede recibir más placer pero el área de estabilidad sigue sumamente activa, entonces, ¿qué sucede si al llegar a este punto el sujeto sigue introduciéndose más droga?.
El área de placer se apaga, esto significa que el individuo desarrolla tolerancia, ya la droga no le causa los mismos efectos que le producía, pero como el área de estabilidad quedo intensamente activa esta pasa a convertirse en el control de la vida del individuo, ya que al estar activa el sujeto va a sentir la necesidad de administrarse más cantidad de droga con el fin de lograr el efecto deseado, causando así la dependencia.
Son numerosas las sustancias que al ingerirse, inhalarse o inyectarse, logran pasar todas las barreras descritas y que interfieren en el metabolismo cerebral, produciendo efectos tóxicos. El hombre ha descubierto varias y las ha usado en la búsqueda de estados de excitación diferentes. Ha sabido concentrarlas y purificarlas, para que ejerzan su acción en forma intensa y rápida.

Según las principales manifestaciones clínicas de su toxicidad podrían agruparse de la siguiente manera:
Ø  Sustancias embriagantes: En este grupo se engloban una serie de compuestos orgánicos simples, como el alcohol o constituyentes de solventes orgánicos y productos químicos volátiles, que la mayor parte de las veces se inhalan.

Ø  Sustancias alucinógenas: Producen diversas situaciones psíquicas, que podrían denominarse con el nombre genérico de psicosis fingida. Incluye algunas drogas como el LSD (ácido lisérgico), el PCP (Fencyclidina), la mezcalina, el peyote y el MDMA ("Éxtasis"), una droga de la familia de las anfetaminas.

Ø  Sustancias hipnóticas: Producen estado de sueño, estupor o calma. En este grupo están todos los tranquilizantes y narcóticos.

Ø  Sustancias estimulantes: En este grupo se considera tanto substancias naturales, como la cocaína (planta de la coca), la cafeína (de la planta del café), la nicotina (hojas de tabaco), la cathina (derivada del Khat), como también substancias sintéticas. Entre ellas, las anfetaminas y los numerosos compuestos químicos relacionados (MDA, MDMA, etc.).
La Marihuana o Cannabis sativa, cuyos efectos tóxicos se expresan en una variedad de síntomas, como cambios en el humor, alteraciones de la memoria, alteraciones en la percepción, incluyendo el dolor y alteraciones del apetito

Personas de todas las edades sufren las consecuencias nocivas del abuso y la adicción a las drogas

El consumo temprano de drogas aumenta las posibilidades de que una persona desarrolle una adicción y causar otros problemas graves. Por lo tanto, la prevención del consumo temprano de drogas o alcohol puede marcar una gran diferencia en la reducción de estos riesgos. Si podemos evitar que nosotros los jóvenes y por supuesto los niños experimenten con drogas, podemos prevenir la drogadicción.
Ø  Los bebés que son expuestos a las drogas en el útero pueden nacer prematuros y con bajo peso. Esta exposición puede enlentecer el desarrollo intelectual del niño y afectar su comportamiento en el futuro.

Ø  Los adolescentes que abusan de las drogas a menudo se comportan mal, tienen un desempeño académico deficiente y abandonan la escuela. Además, están expuestos al riesgo de embarazos no planificados, violencia y enfermedades infecciosas.


Ø  Los adultos que abusan de las drogas a menudo tienen problemas para pensar con claridad, recordar y prestar atención. A menudo desarrollan comportamientos sociales deficientes como resultado del abuso de las drogas, y se ve afectado su rendimiento en el trabajo y las relaciones personales.

Ø  El abuso por parte de los padres a menudo implica hogares caóticos colmados de estrés, así como abuso infantil y negligencia. Estas condiciones dañan el bienestar y el desarrollo de los niños en el hogar y pueden sentar las bases para el abuso de drogas en la próxima generación.

El riesgo del abuso de drogas aumenta en gran medida tiempos de transición. Para un adulto, un divorcio o la pérdida de un ser querido o un trabajo pueden llevar al abuso de drogas. Para un adolescente, los periodos de riesgo incluyen separación de padres, mudarse o cambiar de escuela. Al mismo tiempo, muchos comportamientos que conforman un aspecto normal de su desarrollo, como el deseo de probar cosas nuevas o correr mayores riesgos, pueden aumentar las tendencias de los adolescentes a experimentar con drogas.
 Algunos adolescentes pueden ceder ante la insistencia de amigos que consumen drogas para compartir la experiencia con ellos. Otros pueden pensar que consumir drogas (como los esteroides) mejora su apariencia o rendimiento atlético o que si abusan de sustancias que se prestan al abuso, como el alcohol o la MDMA (éxtasis o “Molly”), disminuirá su ansiedad en situaciones sociales. 
El mejor enfoque: la prevención
La prevención de las adicciones puede realizarse en niveles diferentes según sea el grado del riesgo de las personas para consumir drogas o el daño sufrido cuando ya las consumieron. De modo amplio, diremos que la prevención se basa en una actitud atenta cuyo propósito es evitar la aparición de riesgos para la salud tanto del individuo como de la familia y de la  comunidad.
Con respecto al uso de drogas en general podemos distinguir varios niveles de prevención:
Ø  La prevención primaria (estrategias para evitar el consumo dirigido a quienes no son consumidores, fundamentalmente niños y adolescentes).
Ø  La prevención secundaria (diagnóstico precoz y tratamiento oportuno en quienes ya padecen la enfermedad o adicción).
Ø  La prevención terciaria (prevención de la discapacidad en aquellos que han llegado a ese estado producto de la adicción).
Para muchos dedicados al tema, la prevención primaria es la auténtica prevención, y esta puede apuntar a dos focos: prevención primaria inespecífica y prevención primaria específica.
Esta somera revisión de los efectos tóxicos sobre el cerebro de las numerosas substancias naturales o sintéticas ya señaladas, tiene como objetivo demostrar los tremendos impactos negativos en los usuarios en particular y en la sociedad en general. Sin duda que el difundido uso de estas sustancias produce un grave desquiciamiento de la sociedad moderna. Para el individuo significa la pérdida de su identidad, la pérdida de su autonomía y una verdadera autodestrucción.


Combatir su uso es algo que debe comprometer a todos. Sus efectos son especialmente destructivos en los niños, adolescentes y jóvenes. Ello no es fácil, porque detrás hay enormes intereses económicos
Hasta ahora muchos esfuerzos se han realizado por desbaratar el comercio de estos productos, pero los resultado han sido muy pobres. La oferta de ellas sigue en aumento.

Tal vez la única solución factible es disminuir la demanda y para ello la educación a todo nivel debe jugar un papel fundamental.

Reflexión:
He elegido este tema porque siempre me he interesado por los problemas sociales de hoy en día, sabemos que no es algo nuevo, pero considero que estos últimos tiempos la sociedad se ha descarado ante el consumo de drogas, y de la misma manera el narcotráfico, etc. Además, porque me afecta de cierta forma ver tantos casos de adictos que mueren tan jóvenes, me sensibiliza y me duele porque puede pasarle a cualquiera, incluso a mis hijos.
Para elaborar este escrito, partí expresándome un poco acerca de los conocimientos previos que ya tenía, y me base principalmente en los hechos que ocurren en el municipio de donde soy originaria.

Espero les agrade mi trabajo, agradezco su atención y comenten su tienen alguna duda.
Saludos cordiales.
Jazmín Esmeralda Campos Macías.

Fuentes de información:
Ø  Davie, A.: How cocaine could really blow your mind. New Scientist, noviembre 21, pág. 16, 1993.
Ø  Mackenzie, D.: How cannabis might heal the body. New Scientist, septiembre 4, pág. 1,1993
Ø  García Huidobro, J.: La fisiología de la drogadicción. Creces, vol. 8, pág. 49, 1988
Ø  Jazmín Esmeralda Campos Macías.


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